martes, 23 de febrero de 2016

Octubre de 1998
LA PESCA DE LA TRUCHA COMO PRODUCTO TURÍSTICO

Introducción
La Empresa para la Conservación de la Flora y la Fauna de Villa Clara y su agencia ECOTUR SA, han estado trabajando en un proyecto para el rescate y la puesta a punto del producto turístico: PESCA DE LA TRUCHA, en la región central del país, abordándolo con una filosofía y enfoque novedosos en Cuba y al mismo tiempo coherentes no solo con las tendencias mundiales de turismo ecológico y de protección del medio ambiente, sino también con las expectativas del turismo en la provincia y de la alta dirección del país.

Antecedentes
El turismo especializado tiene en el centro del país un amplio campo de aplicación, específicamente la pesca de la trucha como actividad turística. Aunque comenzó por la Laguna del Tesoro alrededor de 1977, encontró en la antigua provincia de Las Villas el lugar idóneo para comenzar a desarrollarse y asentarse. Factores como: el potencial de la citada especie en sus acuatorios, el número y tamaño de estos, su accesibilidad desde la vasta red vial, y el nivel y preparación del recurso humano, entre otros, hicieron que hoteles como Zaza y Hanabanilla,  tuvieran como principal razón de ser la pesca de la trucha en los embalses aledaños.
Como consecuencia de esto están creadas casi todas las condiciones para explotar el producto, sin embargo nunca antes esta explotación ha sido tan infructuosa como ahora. Existen las capacidades hoteleras, la infraestructura específica necesaria (lanchas, guías, etc.), los embalses que ahora incluso son más numerosos que antes, pero vemos que en un momento en que el país crece el turismo incesantemente y se consolidan polos y ofertas, en la provincia se carece de un producto turístico que nos caracterice y confrontamos problemas por el poco turismo de estancia que tenemos. Al mismo tiempo, este necesario crecimiento turístico ha traído consigo efectos socialmente indeseables, por lo que se nos ha llamado a fomentar variantes más sanas de turismo, como son el turismo de eventos y el turismo especializado.
Por estas razones, y conociendo que es perfectamente posible rescatar la pesca de la trucha como actividad altamente rentable para el país, comenzamos a trabajar con la estrategia que creemos idónea para lograr este objetivo.

Desarrollo
El error clave cometido en la explotación turística de la trucha está en tratarlo como un producto de turismo convencional, y no como un recurso natural renovable que responde a leyes, que están más allá de contratos y mecanismos comerciales. No se trata solo de servirse, de usar en este caso una especie acuática, de ingresar dinero el primer año y luego quedar descomercializados, se trata de usarla de forma sostenible, y en este contexto de turismo especializado (en que el término indica exactamente que es un mundo de especialistas, tanto de personas como de entidades) el uso sostenible de la trucha no es solo prohibir pescar, sino comprender que lo que se está comercializando forma parte de un ecosistema, de un organismo vivo que es el embalse. Partiendo de esta filosofía nuestra meta final es lograr el manejo de la especie “Micropterus salmoides”, conocida en Cuba como trucha, en algunos embalses seleccionados, para sacar máximo rendimiento de su pesca con fines turísticos, haciéndolo además de forma sostenible.

El primer paso que dimos fue hacer una caracterización de las presas del territorio para determinar la estrategia a seguir. Este trabajo no solo se limitó a evaluar poblaciones de truchas, sino que fue un análisis más abarcador.

I – El primer aspecto que evaluamos en cada embalse fue lógicamente el referente al estado cuantitativo y cualitativo de las poblaciones de truchas, gracias a los muestreos hechos en los dos últimos años y a nuestras estadísticas de pesca con cordel y anzuelo de muchos años determinamos cuales eran los acuatorios “más trucheros”  y los “menos trucheros” y su estado actual.

II- El segundo aspecto en grado de importancia fue el referente a la producción acuícola del MIP, captura total y expectativas de la acuicultura en cada lugar. Porque aunque hemos constatado y hemos dicho durante años que la acuicultura con sus producciones y la explotación deportiva de la trucha no se excluyen ni se estorban, siempre preferimos escoger embalses  donde la acuicultura tuviera intereses mínimos, donde las expectativas comerciales fueran pocas o ninguna debido a la captura de las cooperativas en esos lugares.

III- Se evaluó la afectación que traería para los pescadores deportivos organizados en la Federación de pesca, viendo el uso que históricamente hicieron los pescadores deportivos de las presas del territorio,y las bases de pesca deportiva existentes. No queríamos tampoco afectar este otro gran grupo de “usuarios”  de los recursos ícticos.

IV – Se evaluó el estado de las cuencas en cuanto a contaminación y uso del agua.

V- También se estudió la configuración y ubicación de cada presa, pensando en accesibilidad y facilidad de control ante la pesca furtiva.

VI- Finalmente evaluamos las razones que han hecho declinar la calidad y cantidad de pesca de la trucha en cada caso, encontrando que en general, aunque han incidido varios factores de carácter local y/o temporal en cada caso, el principal es la sobrepesca, entendiéndose por esta la que se lleva a cabo de forma indiscriminada a lo largo de todo el año con cordel y anzuelo (ya sea con varas o a la mano), con atarrayas, redes de cualquier tipo, escopetas submarinas, etc., sin límites de captura ni de tallas, sin respetar ninguna restricción, desde la orilla, en botes o fundamentalmente en cámaras, y que generalmente su destino es el mercado negro o venta ilegal.

Como resultado de la evaluación de los anteriores aspectos, escogimos 3 presas de la región central: “Palma Sola”, en el municipio Corralillo, Hanabanilla en Manicaragua, y “Voladoras”, del municipio Rodas, que aunque perteneciente a la vecina provincia de Cienfuegos se encuentra en los límites de Villa Clara muy cerca de Santiago de Cartagena. Las 3 cumplían los siguientes requisitos (En el mismo orden de los factores evaluativos):

I- Calidad como embalses trucheros.
II- El MIP no tiene grandes intereses ni expectativas comerciales en ellos.
III- No existen bases de pesca del INDER o la Federación deportiva. Históricamente han sido poco pescadas deportivamente, la mayoría prefiere ir a otros embalses.
IV- Sus cuencas son las menos contaminadas del territorio.
V- En caso de establecer regulaciones de protección son más fáciles de controlar dada su configuración, ubicación y acceso.
VI- El estado actual de las poblaciones de truchas permite recuperar una pesca de calidad más rápidamente con menos inversiones.

Una vez escogidos los embalses, no era lógico montar proyectos de conservación y programas de manejo si previamente no se regulaba la captura de truchas en ellos, lo que estudiando el Decreto-Ley 164 de 1996, denominado “Reglamento de Pesca”, vimos que en su artículo 22 declara que se pueden definir zonas bajo régimen especial de uso y protección, que son aquellas áreas protegidas legalmente en las cuales las actividades pesqueras se rigen por disposiciones especiales. Nuestra empresa para la Conservación de la Flora y la Fauna, por otra parte, mantiene un sistema de áreas protegidas en todo el país, con programas de protección a varias especies. Con esto vimos que no había ninguna contradicción y que si dábamos los pasos legales podíamos solicitar estas presas como zonas bajo régimen especial de uso y protección.
Definimos entonces que el régimen especial que queríamos para esas presas era, establecer la pesca de la trucha sin muerte. Esto es, capturar las truchas y soltarlas vivas, para todos por igual, cubanos y turistas extranjeros. No se trataba de prohibir pescar sino de fomentar el “captura y suelta” para todos, de fomentar lo deportivo-recreativo.
Faltaba comenzar a dar los pasos legales para el logro de los objetivos propuestos. Entonces comenzamos por establecer los nexos adecuados con todas las entidades que tenían intereses o atribuciones legales en las presas. Como piedra angular de nuestra estrategia estuvo desde el principio en no ignorar a nadie, en no imponer la fuerza, sino hacerle ver a cada uno de estos factores que lo que queríamos era beneficioso para el país y para todos, que era posible trabajar sin afectarnos unos a otros, que para hacer el “manejo” de la especie trucha como queríamos tenía que haber un “manejador”, pero que su papel, aunque protagónico es el de moderador de los demás que siempre serán necesarios.
Así en marzo 97 convocamos una reunión de trabajo con representantes del MIP, Federación Cubana de Pesca Deportiva, CITMA, OPIP (Oficina Provincial de Inspección Pesquera), INRH, Medicina Veterinaria, ECOTUR SA  y otras entidades turísticas. Les hicimos conocer el trabajo que habíamos previamente hecho, nuestras intenciones y filosofía, y elaboramos de mutuo acuerdo un documento que fue elevado al Departamento de Regulaciones Pesqueras del MIP, solicitando concedieran el régimen especial de uso y protección a las presas ya mencionadas (En aquel entonces todavía en la provincia no existía la Comisión consultiva de pesca).
A partir de ahí mantuvimos un trabajo muy estrecho con los compañeros de Regulaciones Pesqueras, el cual trajo como resultado la Resolución 260/98 en la que se declaran los embalses de Palma Sola y Voladoras “como acuatorios bajo régimen especial de uso y protección para la práctica de la pesca deportivo-recreativa de la especie conocida como trucha, en la modalidad de capturar y soltar exclusivamente” (de la cual adjuntamos copia).
También como resultado debe salir antes de finales de 1998 otra resolución en la que se resuelve propiciar el fomento de la trucha, y el desarrollo sostenible de su pesca deportivo- recreativa en varios embalses a lo largo de todo el país, estableciendo tallas mínimas y vedas. Entre estos está Hanabanilla (adjuntamos copia del proyecto de resolución).  



[i] Este es parte del trabajo que desarrolle’ como especialista de pesca deportiva en la Empresa Flora y Fauna con respecto a la trucha (Micropterus Salmoides) durante los años 1995 al 1998



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