miércoles, 28 de septiembre de 2011

De truchas con Ríos (Parte I)
Librado Jesús Ríos Domínguez es un pescador aficionado de la localidad cubana de Punta Brava, ubicada justo en el límite occidental de la capital del país. Hubo una época en que practicaba con apasionada exclusividad la pesca a spinning marítima, hasta que comenzó a experimentar con la fluvial lobina negra boquigrande, después de asistir, en su condición de directivo nacional de la Federación Cubana de Pesca Deportiva, a algunos torneos dedicados a la especie que acá llamamos trucha (Micropterus salmoides).
Pescador absoluto a vara y carrete con señuelos artificiales, Ríos se las arregla para pescar unas 500 horas por año, la mitad o más de las cuales las dedica a los embalses donde se cría el centrárquido introducido en 1927 desde el sur de los Estados Unidos. Cuando la picada fluvial decae, o las noticias desde el agua salada resultan más propicias, sobre todo en los calientes veranos cubanos, este aficionado se dirige a las costas a perseguir cibíes o pargos, o se embarca con algún amigo a cubrir un fondo de tiempo tras el bonito, la albacora, los jureles, y alguna aguja o un peto.
Compañero del autor en el Club de Pesca del municipio de La Lisa, en la ciudad de La Habana, Ríos Domínguez tuvo la gentileza de poner en manos del editor de CUBANOS DE PESCA dos cuadernos escolares con las notas de sus pesquerías, día por día, en los años 2007 y 2008. Es un material importante, por el nivel de detalle que este experimentado pescador logra conferirle a sus datos. Alguien debe convencerle de concluir al menos un reporte parcial de su estudio, que sería una novedad en algún evento sobre pesca de los que realizan en Cuba, para lo cual creemos que posee el apropiado nivel profesional.
A falta de investigaciones institucionales, que respalden el desarrollo científico técnico aplicado a la pesca deportiva y la conservación de las especies involucradas en este entretenimiento, colecciones de datos como la que nos presenta este aficionado constituyen en su empirismo un oportuno adelanto hacia la sistematización de los estudios sobre el tema.
En los 24 meses que abarca el análisis, se registran 110 pesquerías fluviales con una duración media de 4 horas y cuarto (mínima de 1 y máxima de 9 horas y media). El 77.3% de las pesquerías fueron matutinas; las 7 de la mañana es la hora más frecuente de inicio de la pesca en la muestra. Ríos Domínguez dice que “teóricamente, durante las horas centrales del día la trucha va hacia lo profundo”, mientras considera que el patrón óptimo de la jornada de pesca consiste en un total de seis horas en el agua, con una primera sesión matutina, de 6 a 10 de la mañana, y un remate vespertino a partir de las 7:00 pm.
Entre el primer año considerado y el siguiente se observa una marcada inversión de la magnitud de la dedicación a la pesca de spinning y la de truchas, modalidades que recibieron la mayor atención por este aficionado. En 2007 hubo 48 pesquerías de la especie fluvial y 54 a spinning marítimo desde costa, y en 2008 las cifras fueron de 62 y 34, respectivamente, lo que evidencia que las pesquerías de truchas virtualmente duplicaron a las de spinning y resultaron en conjunto el 55.6 % de todas las pesquerías de esos años.
La captura total de truchas en el bienio fue de 872 ejemplares, con una media de 1.798 piezas por hora de pesca (Tabla 1). En un análisis del mismo tipo realizado en 1992 por Danilo Domínguez Ortega, el destacado aficionado de la ciudad de Camaguey logró una media de 3.036 truchas por hora de pesca en 11 embalses (Najasa, Muñoz, San Manuel, Porvenir Grande, Máximo, Porvenir Chico, Leonero, La Jía, Najasa 2, Montecito y Caonao), superioridad de más del 40 % en el dato más antiguo, que puede estarnos confirmando una significativa disminución del potencial pesquero deportivo de los embalses cubanos en el transcurso de las últimas dos décadas, de lo cual advierten cada vez más aficionados de diversas regiones.
La cantidad de truchas cobradas por Ríos representa el 34.05 % y 39.34 % del total de capturas realizadas en los años respectivos que se indican, si tomamos en cuenta la totalidad de las modalidades de pesca (Es decir, además de la trucha, el spinning, la pesca desde embarcación y la pesca a fondo). El peso global de las capturas alcanza un impresionante nivel de 717 libras y una onza (Lo que ofrece una indicación sumamente transparente de lo que podemos estimar el nivel de impacto ambiental provocado por la pesca realizada mediante métodos estrictamente deportivos), con algo más del 70 % de ese balance acumulado en el primer año, bajo notable influencia de los resultados de enero de 2007, que incluyen cuatro sesiones de pesca, con 78 piezas, en Leonero, provincia de Granma.
Por el peso de los mayores ejemplares, en el estudio de Ríos Domínguez la trucha alcanzó un peso de 9 libras y cuatro onzas (Laguna Leonero, Granma, 28 de enero de 2007), fue capturada con Skitter pop #11 y es el récord personal de este pescador. La talla de ese ejemplar permite ubicar la especie fluvial en el cuarto puesto del registro general, la mayor parte de cuyos restantes componentes son peces marítimos cobrados a spinning. La pieza nombrada es antecedida por dos barracudas de 26,0 y 10 libras con 12 onzas, más un bonito listado de 10,0 libras. El registro de ejemplares de mayor talla, todos cobrados a vara y carrete en la modalidad spinning, lo completan una sierra de 8,0 libras, otra trucha de 7 y media libras, un triple empate en seis libras (bonito, pintada y gallego) y un cibí de cinco libras.
La mayor parte de las pesquerías del bienio las realizó Ríos Domínguez en dos embalses próximos a su localidad de residencia: Maurín, que prácticamente baña el límite norte del poblado de Punta Brava, fue pescado en 67 ocasiones, mientras al embalse Baracoa, distante menos de 10 kilómetros (aunque con eventuales limitaciones de acceso), acudió 22 veces. Hubo puntuales excursiones de pesca, además, a los embalses de Los Palacios, El Punto, Herradura, Laguna Grande, La Catalina y las lagunas Jovero y Palo Blanco, todos en la provincia de Pinar del Río; asimismo a Leonero, en Granma, sede del torneo nacional Incendio de Bayamo (Nótese un promedio de captura de 19.5 ejemplares por sesión de pesca en este acuatorio), a la represa Florencia (Ciego de Ávila), y a La Felicidad, Lebrije y El Jíbaro, en Sancti Spíritus (Tabla 2).
Desplazamientos del tipo mencionado en el párrafo anterior podrían caracterizar una categoría de afición más marcada que la media –por lo común limitada a acuatorios de la región de residencia, cuyas características dominan en detalle con los años-, en tanto la diversidad de escenarios debe contribuir positivamente al desarrollo técnico de los aficionados, que en cada nuevo sitio afrontan el desafío de lo diferente en cuanto a conformación de los lugares de pesca y, presumiblemente, comportamiento de los peces a las específicas –y cambiantes- condiciones de cada enclave. Esto, por supuesto, no pasa de ser teoría hasta que se avance en el conocimiento del tema para dar respuesta a interrogantes tan específicas como estas.
Solo en función de preservar el dato, para documentar futuros análisis, se ha procesado el Índice de captura (Ic) (Media de truchas capturadas por hora efectiva de pesca), que muestra el previsible agrupamiento de los valores más altos en los meses del período invernal en el archipiélago cubano (Tabla 3 y Gráfico Ic), considerada por los aficionados la etapa óptima de pesca y asimismo coincidente con el período reproductivo de la especie Micropterus salmoides. Señala Ríos que manera general no pesca la trucha en verano, porque en esa época del año la explotación de los embalses es “criminal”: Está el desove de la tilapia, los furtivos, y la picada de la trucha disminuye. Aparte, compagino los dos tipos de pesca, fluvial y marítima. En noviembre la arribazón de la biajaiba y el caballerote, que es una vez al año, y son peces que comen en mi casa, no así los de agua dulce.


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