EL
JARDÍN DE LAS TRUCHAS
Graduado
en un famoso colegio presbiteriano llamado “La Progresiva” en la ciudad de
Cárdenas, provincia de Matanzas, José Guillermo fue bancario en La Habana,
profesor de ajedrez en Violeta hasta su jubilación, pescador de truchas cada
fin de semana del año ― imaginamos el guía de pesca que pudo ser, viviendo tan
cerca de La Redonda en los años de auge
de la famosa laguna turística ― y, hoy día, muy reconocido jardinero junto a su
esposa María Antonieta Espinosa, Mery.
Docenas de entrevistas para la televisión y otros medios les han hecho, y es
que ellos tienen un orgullo auténtico: 105 variedades de orquídeas, de un total
de 160 plantadas, han florecido en su patio, primero que recibió la categoría
de Excelencia Nacional, en el año 2003. En aquella selva delicada y fragante se
han juntado sin riñas 500 variedades de plantas: helechos, tréboles, desmesurados
platicerios, anturias y palmas...
Guille
tiene en la sala de la casa dos cuadros,
uno es una trucha capturada por el pincel en pleno salto, el otro es un
delicado paisaje silvestre con un impresionante trabajo en los reflejos de la
superficie del agua. Tiene la firma de un pintor: W. Carballido, “que se hizo
famoso con ese cuadro”, asegura el propietario de la obra.
Hombre
sin computadora ni internet, Guillermo guarda 35 álbumes fotográficos con
admirables imágenes de cada ejemplar de su colección vegetal, identificadas las
especies con sus nombres científicos. Pero también posee documentos relativos a
su más antigua afición, notas y resúmenes de la actividad competitiva de los
aficionados locales, fotografías, copias en video de programas de televisión.
Un acta fechada el 27 de abril de 1980 reporta una pesquería celebrada en la
presa Muñoz, con el resultado de 98 truchas entre 1 y 6 libras, capturadas por
Guillermo desde una balsa de playa, con carrete a mano, pita de 30 libras de
resistencia y mamporro artificial. Lo
más valioso, sin demeritar nada del resto, es un detallado registro de
pesquerías de truchas, anotadas una a una, a lápiz, por el experto contador
entre 1981 y 1990. El registro, además de la pesca propiamente dicha, incluye
en sus primeros años datos que podrían ser interesantes para un examen
antropológico de la afición a la pesca, como el transporte utilizado, el tiempo
de traslado hacia el lugar de la pesca, quienes le acompañaban; si hacía o no
gastos en las pesquerías y la cuantía del mismo. Y por supuesto: fecha, horas
de pesca, captura, peso, y equipo empleado.
Año
|
Truchas
|
Pesquerías
|
Promedio
|
Mejor
pesquería
|
Mayor
ejemplar
|
1982
|
1
378
|
54
|
25.5
|
81
16.05.82
|
10,0
|
1983
|
907
|
38
|
23.9
|
76
04.06.83
|
10,4
|
1984
|
981
|
46
|
21.3
|
94
29.01.84
|
7,0
|
1985
|
876
|
36
|
24.3
|
71
11.08.85
|
11,2
|
1986
|
756
|
32
|
23.6
|
79
21.12.86
|
9,5
|
1987
|
569
|
20
|
28.5
|
82
11.01.87
|
5,0
|
1988
|
276
|
18
|
15.3
|
61
14.05.88
|
6,0
|
1989
|
887
|
62
|
14.3
|
46
16.09.89
|
10,0
|
1990
|
932
|
36
|
25.9
|
83
15.05.90
|
13,5
|
El
documento lo recibe, honrado, de manos de José Guillermo, el editor de CUBANOS
DE PESCA, para que procese la información e incorpore los resultados, como
modesta contribución a los estudios que reclama para fomento de la especie y el
restablecimiento de su biodiversidad la ictiofauna cubana. Denominada en
nuestra lengua lobina negra boquigrande y, por su clasificación científica, Micropterus salmoides, la llamada trucha
va a requerir sin dudas algunos esfuerzos durante años venideros si es que
decidimos mantener sus poblaciones en los embalses cubanos, donde su abundancia
y excelente talla permitió a algunos expertos, entre ellos el norteamericano
Dan Snow, concebir la esperanza de que en Cuba estaría el próximo récord
mundial de este pez, el que tendría que superar las 22 libras y cuarto vigentes
desde 1932.
Junto
a una motivación por actualizar sus conocimientos acerca de los adelantos
técnicos de la pesca recreativa, El Guille comparte la pasión innovadora que
muestran como característica representativa los aficionados cubanos de las
últimas décadas, esos que han deshilado
estropajos de cocina para emplear el filamento como línea de pesca,
ensamblado varas de pesca con materiales inusuales, inventado sus propios señuelos.
La
creación más fascinante de este señor es una lagartija en madera. De niño
pescaba en el Charcazo con lagartijas vivas; las atrapaba en los postecitos de
las cercas de las guardarrayas y las iba alojando en una jaulita que había
construido. Fue a finales de los años 70 que se le ocurre realizar un modelo
artificial y se las arregló para crear una imitación en madera que es toda una
obra de ingenio. A pesar de una primera impresión de imagen basta, como
artilugio medieval, una vez en el agua la dinámica de su efecto es
sorprendente. Se trata de un eficaz señuelo articulado tallado en cedro, con el
perfil de lagartija claramente establecido, dos ojos de cuentas de cristal
opaco, una cola de cuero que es flexible cuando se moja. Es un señuelo que
trabaja en la superficie y llegó a coger dos truchas de una vez, una en cada
grampín, en una decena de ocasiones.
Al
principio pescaba la trucha a mano, con un yoyo que le hicieron a pedido, por
sus indicaciones. Es amplio de abertura y el canal para enrollar el nailon
apenas tiene profundidad; estas características permiten un cómodo agarre del
avío, vueltas más amplias de la línea que disminuyen la memoria del nailon, y
una salida veloz debido a que es ínfima la fricción sobre el borde de salida
del carrete. Pocas vueltas de nailon, las suficientes para lanzar en un río o
en un embalse, apenas treinta metros son necesarios.
En
1968 se le ocurrió usar para pescar en embalses una balsa playera rusa de las
que se vendían a montones en las tiendas del país, al precio de 25 pesos: “Tuve
como una docena de ellas”. En aquella época la gente pescaba de orilla, si
acaso vadeando con el agua a la cintura. Su amigo Ernesto Abreu, y también un director local de Deportes, lo siguieron
en esta experiencia al cabo de los años. En el registro de capturas se
identifica el procedimiento empleado en cada pesquería: 1- Con balsa y carrete,
2- Con balsa y vara de spinning, 3- Caminando y carrete, 4- Caminando y vara, 5-
En bote y vara.
José
Guillermo González Villa, Guille, cumple
sus ochenta años de edad este mes de agosto. Comenzó a pescar en las
competencias municipales de la trucha en
1973 y se mantiene activo como deportista en estas lides hasta 1990. A este
nivel sus mejores resultados fueron los títulos de pescador más destacado por
cuatro años y los mayores ejemplares en 1983 (10,4 libras), 1985 (11,2), 1986
(9,5) y su récord personal, de 13 libras y 8 onzas, en 1990. A nivel de la
provincia Ciego de Ávila fue también pescador más destacado del año en 1983 y
1984, mientras el reconocimiento a las mencionadas piezas mayores en su
municipio fue homologado sucesivamente en la provincia en los mismos años. Su
currículo en competencias nacionales alcanza a nueve certámenes, para acceder a
cada uno de los cuales, de acuerdo con reglas aún vigentes, el competidor debía
subir al podio, sucesivamente, en los topes municipales y luego en los
provinciales. En 1978 compitió en Leonero (Bayamo, Granma), al año siguiente en
El Punto (Pinar del Río) y Guirabo (Las Tunas); en 1983 sale en dos ocasiones
de su provincia, para pescar en sendos certámenes con buenos resultados: mayor
ejemplar y segundo lugar por equipos en Palma Soriano (Santiago de Cuba) y
record nacional y mayor ejemplar (10,4 libras) en una cita celebrada en la presa
Aurora (Camagüey). En 1984 son tres los compromisos, uno en Las Tunas, donde le
premian un primer lugar individual y el segundo por equipos, y dos a los
embalses Minerva y Alacranes, en la provincia de Villa Clara. Dos años después
volverá a Leonero, la mítica laguna oriental que hasta hoy es sede del más
importante certamen de la trucha en Cuba.
Ocurrió
un cambio súbito de temperatura y se puso el tiempo de tormenta; de hecho
estaba ya lloviznando cuando se arriesgó a entrar en aquella trampa. Apenas un
lanzamiento hizo falta y de bajo la superficie brotó una acometida feroz,
revolviendo el agua confinada. La lucha sería breve, sacando el pez y luego las
menores que le siguieron. No sabía cómo salir de allí, cómo librar de aquel
peligro evidente, entre los rayos de tormenta y la opción de zozobrar entre
espinas. Una lancha a motor, que sus compañeros de competencia advirtieron
cuando no le hallaron entre los regresados a tierra por la tormenta, fue su
salvación. Trece libras y media pesó el pez; en el camión de regreso iba calado,
encogido bajo la lluvia, pero con una inefable sensación de renacimiento.
―
Te estoy hablando de media hora a cuarenta minutos de pesca―, rememora. El día
que capturó esa pieza de 13,5 libras, también cogió una de 10 libras, una de 8,
una de 6 y una de 5. Esa pieza de 13,5 libras llega a record provincial y se
llena la documentación para el escalón superior, pero no había ya convocatoria
para la proclamación de los records nacionales y perdió esa oportunidad. Dos
veces estuvo a las puertas de clasificar para el torneo internacional celebrado
en enero de 1978 entre cubanos y norteamericanos en la Laguna del Tesoro.
Durante
la competencia provincial de 1977 en la presa Porvenir, regresa a la orilla con
buena captura, suficiente para el podio, pero los jueces plantean que había
entrado al agua un minuto antes de la señal de salida y deben descalificarlo.
Como le sobraba tiempo, deja la ensarta, vuelve a entrar al agua y retorna
todavía en tiempo, otra vez con más captura que los demás. “Sí, pero ya estabas
descalificado”, es el dictamen indiscutible. Es tal vez la mayor incomodidad que
se ha llevado el longevo y competitivo aficionado; las otras son la del
contrincante que gana un torneo con una trucha enorme que pescó, a la vista de
todos, con un mamporro vivo, y el resultado de un concurso de pesca que gana en
1979, del que le llega el diploma, pero nunca el bote plástico desarmable que
también era parte del premio, del que dice se apropiaron unos funcionarios
deportivos.
En
las mañanas, sin esperar el sol, abre la llave y el agua corre sobre las
plantas. Recorre los estrechos senderos, oyendo a Mery recorrer la casa que les
conoce la vida a ambos. Varias veces al día llega una visita, varias veces
florecen orquídeas.
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